CALIDAD EDUCATIVA VS LUCHA REVOLUCIONARIA, UNA CRUZADA IDEOLÓGICA POR EL PODER

Por: Eduardo Grajales

La lucha entre SEP y CNTE nada tiene que ver con “calidad educativa” ni “lucha revolucionaria”, estos han sido solo los discursos que bandos rivales, igual de corruptos, han tratado de vender para legitimar una lucha que es por el poder político per se. Y en ese choque de argumentos, la única perdedora es la sociedad.

La calidad educativa es un tema que le queda holgado a la mal llamada reforma estructural por la educación. Una reforma improvisada, hecha desde el escritorio y a modo, que en su seno esconde el único interés de finiquitar a un sindicato corrompido que la misma SEP, durante años, se encargó de construir.

Calidad educativa debería ser un proyecto nacional, una política de Estado con visión de futuro y ruta a largo plazo, que prioriza siempre al ser humano y sus posibilidades en un mundo global, en cuya confección confluyen todas y todos en un marco de dialogo y construcción de acuerdos.

Lo que hoy propone la SEP, aunque necesario, es apenas un cambio superficial más de corte laboral que educativo, un mejoral para un sistema tumorado, que no puede ni podrá lograrse a punta de garrotazos, lo que ha sido el sello de la casa de la administración federal cuando de imponer alguna norma se trata.

Que lamentable ver a la institución creada por un humanista como José Vasconcelos, hacer de la Policía Federal su principal interlocutor.

La mal llamada Reforma Educativa se ve ahora más bien como una visión unipersonal de la educación, un proyecto electoral propio que da derecho a picaporte a la oficina presidencial, la carta de Aurelio Nuño para legitimar su aspiración presidencial, cada vez más débil y lejana.

México si requiere urgentemente de una renovación de su sistema educativo, pero no de la forma en la que la estamos viviendo.

De la misma manera la “lucha revolucionaria” ha sido otro estandarte falso, una idea romántica caduca, un espejismo creado por una camarilla de una corriente minoritaria disidente, de un sindicato de maestros anti democrático, opas e in tolerante hasta para con sus propios agremiados, que se encuentra en los albores de su desaparición.

La “lucha revolucionaria” es una noble aspiración, pensamiento histórico humanista que ha obligado a contener hasta las aspiraciones más egoístas y ambiciosas de las élites capitalistas… Ha sido un camino al andar, un horizonte que nunca se alcanza pero obliga el trote, como decía Eduardo Galeano.

Lo que vemos hoy en las calles de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacan, nada tiene que ver con aquel pensamiento guevarista de liberación de los oprimidos, ni con el ideal zapatista en defensa del derecho del campesino, menos aún con la ideología Marxista, que supo interpretar muy bien la dinámica de la nueva sociedad.

Para empezar y terminar pronto, la lucha revolucionaria la hicieron revolucionarios de verdad, en un tiempo que sucumbió ante la llegada de la post modernidad. Hoy de revolución lo único que queda son recuerdos, el concepto por si solo desata temor e incomodidad en una sociedad actual que solo busca paz, libertad y consumo.

Que no traten de confundirnos. La “lucha revolucionaria” no es privilegio de unos, tampoco un salvoconducto para atentar contra la norma y el derecho de todas y todos, menos un permiso para vandalizar oficinas, cerrar escuelas, apoderarse de calles, avenidas, gasolineras y demás espacios públicos y privados.

No, la lucha revolucionaria no es ni ha sido eso. Lo que hoy vemos es un intento de delincuencia organizada que ha hecho de la presión política su modus operandi. Un grupo de sicarios de la educación, intransigentes e ignorantes de la normas legal que solo hablan su propio lenguaje.

Los menos aptos para citar la lucha revolucionaria son ellos mismos, los “liderazgos” de la CNTE, que se han enriquecido a costa de la corrupción del sistema educativo, del contubernio con sus funcionarios y de mantener a sus bases en la desinformación y la presión política y laboral.

Para nadie es desconocido los estrechos vínculos de poder que mantienen con la institución y tampoco el que obligan a muchos maestros, que no estas a favor de su pensamiento, a asistir a plantones y marchas so pena de sanciones económicas y laborales.

De esta manera SEP y CNTE son dos mafias luchando sangrientamente por el control político del sector educativo que, de manera parasitaria, han sobrevivido la una de la otra.

En este re juego la única perdedora es la educación y la sociedad, que entre dimes y diretes, movilizaciones millonarias de maestros y policías, ve cómo se va desvencijando un sistema educativo que por años ha estado en la orfandad.

En este lamentable escenario ¿Alguien se ha preocupado por analizar los trágicos indicadores educativos? ¿Por los miles de niños y niñas que no asisten a la escuela? ¿Del pobre desempeño de nuestros educadores? ¿De la deficiente infraestructura escolar? ¿De contar con un servicio profesional de carrera para las autoridades educativas?

No. De lo único que se ha hablado hasta ahora es de cómo los maestros pueden evitar perder su plaza y de cómo lograr evaluarlos, apenas dos pequeños, pequeñísimos aspectos que comprende la calidad educativa.

De no encontrar un punto en común, de hacer un revisionismo a toda esta cruzada ideológica por el poder, no habrá saldo positivo alguno.

Evidentemente la autoridad educativa tiene la sarten por el mango, el movimiento disidente tarde o temprano terminará por agotarse, como ha sido la dinámica de muchos movimientos sociales.

De ahí la necesidad de un mediador capaz de lograr un equilibrio en este sistema educativo, y el único con la autoridad moral para hacerlo es la propia sociedad organizada, esa a quien sirven tanto SEP como CNTE, pero que en estos momentos parece estar confundida y extraviada en ambos argumentos, pero no nos confundamos, esta lucha no es por la educación sino por el poder político.