Opnión de Guadalupe Loaeza sobre Chiapas

Por: Guadalupe Loaeza

Sugiero que la próxima película de James Bond se filme en el aeropuerto de Palenque. Lo vi tan sofisticado y moderno que no pude más que imaginarme al agente secreto al servicio de su majestad escapando a lo largo y ancho en una enorme pista perfectamente bien trazada entre jets provenientes de muchas partes del mundo. También lo imaginé ocultándose en medio de esas enigmáticas y majestuosas pirámides para buscar la tumba de la Reina Roja, la cual se encuentra al lado del “astronauta” de Palenque.

¡Qué zona arqueológica tan imponente! Hacía mucho tiempo que no me daba el lujo de disfrutar algo que nos pertenece a todos los mexicanos: la Selva Lacandona y la cultura maya. A lo lejos se escuchaban los monos aulladores, “los araguatos” que nos recordaban que estábamos cerca de la maravillosa reserva ecológica El Triunfo. Confieso que no salía de mi asombro de ver tanto y de ver tantos árboles con una infinidad de orquídeas colgando de sus ramas. Al encontrarme en la cima del Templo del Sol y ver la inmensidad del parque Nacional Palenque, me sentí tocada por una gracia especial. ¿Por qué los mexicanos no volteamos más hacia nuestros orígenes? ¿Por qué perdemos tanto tiempo añorando los centros comerciales de otros países, entregándonos absurdamente al consumo? Y, ¿por qué no reconocemos con más frecuencia estos lugares tan mágicos? Lo anterior se lo pregunté a Azucena, quien lleva más de 30 años por elección viviendo en Palenque: “¡Las cosas han cambiado en Chiapas! Cada vez hay más turismo mexicano y europeo. Los franceses representan el 60 por ciento del turismo internacional. Ahora hay dos vuelos nacionales de Interjet que viajan desde la Ciudad de México, domingo y jueves. El zoológico Los Aluxes atrae mucha gente. Una vez al año liberan muchas guacamayas en peligro de extinción. Entonces nuestro cielo se pinta de rojo y nuestra selva se llena de vida”. Azucena decía todo esto llena de gusto.

¿Qué les puedo decir de San Cristóbal de las Casas, el hogar de los indígenas tzotziles y tzeltales? Tenía 20 años de no haber venido. Encontré una ciudad vital con mucha gente que iba y venía por los andadores. ¡Cuántas tiendas de ropa de diseño de muy buen gusto elaborada con textiles tradicionales! ¡Cuántos restaurantes llenos de jóvenes escuchando música en vivo! Los vi bailando, riendo y disfrutando la noche con mucha libertad. He de decir que esta ciudad colonial, tan bien conservada, tiene una seguridad envidiable. Cenamos con Kyra Núñez, escritora y periodista, premio Rosario Castellanos. Durante la cena nos platicó la historia de Trudi Blom. La periodista suiza que dedicó su vida a los lacandones y dejó el mejor testimonio y registro fotográfico de esta cultura. “Si de algo me siento satisfecha es de haber cumplido el último deseo de Trudi. Junto con María Luisa Armendáriz, hace varios años exhumamos su cuerpo y nos lo llevamos al corazón de la Selva Lacandona“. Al terminar, para mi sorpresa, muy quitada de la pena nuestra amiga se despidió cerca de las doce de la noche, tomó un taxi en la calle y nos dijo adiós con una enorme sonrisa en los labios. Mientras tanto, Enrique y yo nos fuimos caminando hacia el hotel con una tranquilidad inusual en estos tiempos tan complicados. (En lo que se refiere a la seguridad, esta ciudad ocupa el número 2, después de Mérida).

Al otro día, tal como nos lo sugirió Kyra, fuimos a visitar el Museo Na Bolom o la Casa del Jaguar, donde vivió Trudi con Frans. Ahora entiendo por qué dicen que el personaje Indiana Jones está inspirado en esta singular pareja. La casa está igualita a como la habitaron en la década de los cincuenta. En el comedor se halla la misma mesa larguísima donde se sentaban los indígenas a los que hospedaban. Lo que más me llamó la atención fueron las fotos en blanco y negro. Allí está Trudi en medio de la selva rodeada por sus amigos: los lacandones.

Es bien sabido que Chiapas es un estado con una gran población indígena. Una de las tareas del DIF y de su presidenta, Leticia Coello, es apoyar, educar y orientar a las mujeres indígenas. Un ejemplo de ello es el rescate del oficio de las parteras. Ahora ya no están estigmatizadas, gracias a los cursos que han recibido, trabajan profesionalmente. Además para los niños chiapanecos que nacieran con alguna capacidad diferente como el autismo o parálisis cerebral, el DIF Chiapas cuenta con centros de rehabilitación. Es el único estado de la República que tiene una escuela que forma especialistas para estos centros.

No hay duda, Chiapas sí está cambiando.

gloaezatovar@yahoo.com

Fuente: REFORMA.COM

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